Por qué en Bizkaia casi ningún hueco es estándar
En el Gran Bilbao la vivienda se levantó deprisa, muy apretada y hace ya muchas décadas. Buena parte de los pisos de Santutxu, Rekalde, Basurto, Otxarkoaga o Sestao se levantaron entre los años cincuenta y setenta, cuando cada promotor resolvía los huecos con lo que tenía a mano y sin una norma de medidas comercial detrás. A eso se le suman sesenta o setenta años de reformas sucesivas: ventanas cambiadas dos veces, un premarco añadido, un forrado interior de la mocheta, un cajón recrecido para tapar una humedad. El resultado es que dos huecos de la misma finca, la misma planta y la misma orientación pueden diferir en dos o tres centímetros.
Por eso una persiana de medida comercial rara vez encaja aquí sin forzar algo. Si se recorta el paño se pierde solape en las guías y la persiana se sale con el primer golpe de viento; si se calza para rellenar, la lama roza y acaba mordiendo. La persiana a medida no es un extra de acabado: en este parque de vivienda es la única manera de que el conjunto trabaje con holgura correcta durante años.
El clima local aprieta esa holgura todavía más. Bilbao acumula por encima de los 1.100 milímetros anuales repartidos en muchísimos días de sirimiri, una lluvia débil y constante que mantiene el cajón y las guías húmedos durante semanas. Y en pleno invierno entra el viento sur, que en unas horas seca el ambiente y sube la temperatura de golpe. Ese ciclo brusco de humedad y calor seco hace que los materiales dilaten y contraigan mucho más de lo que dilatan en un clima estable, y una persiana ajustada al milímetro por defecto es una persiana que se agarrota en enero.










