El viento sur es un fenómeno de foehn: aire que desciende por la vertiente norte de la cordillera, se comprime, se calienta y llega al fondo del valle seco y templado en pleno invierno. Para una persiana, eso significa pasar en veinticuatro horas de un ambiente saturado de humedad a otro claramente seco, y volver poco después al punto de partida.
Qué le hace el viento sur a una fachada
En un clima oceánico como el de Bilbao, la norma invernal es humedad ambiental alta y temperaturas suaves sin grandes oscilaciones. El viento sur rompe esa norma. Cuando el aire desciende de la montaña hacia el valle se comprime y se calienta, y llega a la ciudad con una humedad relativa muy inferior a la habitual y con una temperatura que puede resultar impropia de la estación.
Para los materiales del hueco eso es un ciclo completo de trabajo condensado en poco tiempo. La cara exterior de la persiana pasa de estar mojada de sirimiri a secarse por completo, de estar fría a calentarse por la combinación de aire templado y sol directo, y a los pocos días vuelve a la situación de partida. Cada uno de esos ciclos deja una huella pequeña; lo que envejece el conjunto es la repetición durante años.
Hay un matiz de orientación que conviene tener en cuenta. En una ciudad encajonada entre laderas, el viento no llega igual a todas las fachadas: se encauza por el eje del valle y golpea con fuerza muy desigual según la calle y la altura. Las plantas altas de fincas expuestas reciben un tratamiento muy distinto del de un segundo piso protegido por el edificio de enfrente, y eso se nota en el estado de las persianas del mismo bloque.

Cómo responde la lama
Una lama de aluminio inyectado dilata con la temperatura. En un paño de varios metros de ancho, la variación entre una mañana húmeda y fría y una tarde de viento sur con sol directo es suficiente para que el conjunto gane algunos milímetros de anchura. Esa es justamente la razón por la que una persiana se monta con holgura lateral dentro de la guía: si entrase justa, en el primer día caluroso se agarrotaría.
El problema aparece cuando esa holgura se ha perdido. Puede haberse perdido porque la guía se ha ensuciado, porque una intervención anterior la desplazó buscando eliminar un ruido, o porque el paño se sustituyó ajustando demasiado la medida. En esos casos la persiana funciona bien la mayor parte del año y se atasca justo en los días de cambio brusco, un comportamiento que despista mucho cuando no se conoce la causa.
La lama de PVC se comporta de otra manera. Dilata más que el aluminio ante el mismo salto térmico y, sobre todo, envejece peor frente a la radiación solar: pierde plastificantes, se vuelve rígida y quebradiza, y llega un momento en que un golpe de viento basta para partir un canto. Es lo que se ve con frecuencia en paños de PVC de las promociones de los ochenta que llevan décadas en fachadas soleadas.
La cinta y el vaivén de humedad
La cinta de una persiana es un tejido, y como todo tejido responde a la humedad. Absorbe agua del ambiente y se alarga ligeramente, se seca y recupera longitud. Ese ciclo, repetido miles de veces, produce fatiga en las fibras mucho antes de que la cinta muestre signos visibles de desgaste. Por eso una cinta puede parecer entera y romper de golpe: el daño estaba en el interior del tejido.
Las cintas antiguas de algodón o de mezclas poco estables acusan mucho ese vaivén, y además retienen humedad durante más tiempo dentro del cajón, lo que acelera la degradación. Las cintas actuales de poliéster reforzado son bastante más estables dimensionalmente y aguantan mejor los ciclos, aunque tampoco son eternas: el punto crítico sigue siendo el tramo que entra y sale por el pasacintas, donde se concentra el rozamiento.
Hay una consecuencia práctica poco conocida. Una cinta que se ha alargado por humedad hace que la persiana quede algo más baja de lo previsto y que el recogedor tenga que absorber ese exceso; cuando se seca, la tensión aumenta. Si además la persiana va dura por rozamiento en las guías, la suma de ambos efectos es lo que termina rompiendo la cinta en un día concreto sin que haya ocurrido nada extraordinario, tal como describimos en el artículo sobre sirimiri y guías agarrotadas.

El mirador acristalado: madera, aluminio y humedad en el mismo hueco
El mirador es la construcción más característica del Ensanche bilbaíno y también la más sensible a estos ciclos. La carpintería de madera trabaja con la humedad: se hincha en periodos húmedos y merma con el aire seco del viento sur. El movimiento no es homogéneo, porque la madera se mueve mucho más en el sentido transversal a la fibra que en el longitudinal, de modo que un bastidor puede descuadrarse ligeramente sin que nada esté roto.
Sobre esa base móvil se apoya un elemento que se comporta de otra manera: la persiana de aluminio, que responde a la temperatura y no a la humedad. Los dos materiales se mueven en momentos distintos y en magnitudes distintas. El resultado típico es una guía que estaba perfectamente aplomada al montarse y que, tras un par de inviernos, aprieta en una zona concreta del recorrido, o un cajón que roza contra el travesaño en determinadas épocas del año.
Trabajar en un mirador exige por eso un criterio de montaje distinto. No se atornilla la guía a la madera de forma rígida en toda su longitud, se respetan las holguras previstas y se elige un anclaje que permita ese movimiento estacional. Es el enfoque con el que abordamos la instalación de persianas en fincas señoriales de Abando e Indautxu, donde la carpintería original tiene un valor que no conviene comprometer.
Qué materiales llevan mejor los ciclos
No hay un material perfecto, hay materiales adecuados para cada exposición. La comparación útil no es cuál es mejor en abstracto, sino cómo se comporta cada uno ante los tres factores que dominan aquí: humedad continua, saltos térmicos bruscos y radiación solar en fachadas expuestas.
- Aluminio inyectado con relleno de espuma: buena estabilidad, rigidez alta y comportamiento predecible frente al salto térmico.
- Aluminio extruido: más pesado y más rígido, indicado en huecos anchos y en plantas altas muy expuestas al viento.
- PVC: correcto en huecos protegidos y de tamaño moderado, pero acusa la radiación solar y se vuelve quebradizo con los años.
- Cinta de poliéster reforzado: mucho más estable dimensionalmente que las mezclas antiguas ante los ciclos de humedad.
- Herrajes con tratamiento anticorrosión: relevantes en cualquier fachada del Gran Bilbao por la humedad ambiental sostenida.
- Acabados lacados de exterior: mantienen mejor el color en fachadas sur, donde la insolación en días de foehn es intensa.

| Material | Humedad continua | Salto térmico brusco | Radiación en fachada expuesta |
|---|---|---|---|
| Aluminio inyectado | Muy estable | Dilata de forma predecible | Buena con lacado de exterior |
| Aluminio extruido | Muy estable | Mismo coeficiente que el inyectado: manda el ancho | Buena con lacado de exterior |
| PVC | Estable | Dilata más que el aluminio | Pierde flexibilidad con los años |
| Madera del mirador | Se hincha y merma | Poco sensible a la temperatura | Requiere mantenimiento periódico |
| Cinta de poliéster | Muy estable | Poco sensible | Se degrada si queda a la intemperie |
| Cinta de algodón antigua | Se alarga y encoge | Poco sensible | Envejece con rapidez |
Qué hacer en la práctica con una persiana que se descuadra
Cuando una persiana empieza a atascarse solo en determinadas épocas del año, la reacción habitual es forzarla y confiar en que pase. Es mejor tomarlo como información: significa que las holguras están al límite y que basta un ciclo algo más acusado para que roce. La comprobación previa es siempre la misma, limpiar las guías y verificar el aplomo, porque hasta que el rozamiento no está descartado no se puede valorar nada más.
Si tras eso la persiana sigue agarrando en los días de cambio, hay que revisar el montaje: separación real entre guías, holgura lateral del paño, estado de las grapas de unión entre lamas y fijación de la guía al soporte. En huecos anchos de balconera o de mirador, un paño ajustado en exceso da exactamente este comportamiento estacional, y la solución pasa por corregir la anchura o por reubicar la guía, no por lubricar más.
En municipios del frente del Abra la situación se combina con otro factor. En Getxo, Sopela o la zona costera de Santurtzi, a los ciclos de humedad y temperatura se suma el aire salino, que acelera la corrosión de herrajes y tornillería. Es un caso particular dentro de la comarca, y allí la elección de anclajes con tratamiento anticorrosión pesa más que en el interior del valle.
- Anotar en qué época del año se atasca: el patrón estacional es en sí mismo un diagnóstico.
- Limpiar y engrasar las guías antes de tocar cualquier otra cosa.
- Comprobar el aplomo de ambas guías y la separación real entre ellas en varios puntos.
- Medir la holgura lateral del paño dentro del perfil, sobre todo en huecos anchos.
- Revisar las grapas de unión entre lamas y sustituir las que falten.
- En mirador, verificar que el anclaje no impide el movimiento estacional de la madera.
